Publicado el 30 de enero de 2026 por Nuclear Blast, el disco llegó con una misión bastante más ambiciosa que la de repetir la fórmula que había convertido a MØL en uno de los nombres interesantes del blackgaze europeo. Aquí siguen estando los gritos, las guitarras abrasivas y las explosiones de black metal, pero también aparecen shoegaze, post-rock, alt-rock, melodías casi pop y una voluntad evidente de escribir canciones más directas.
El resultado puede desconcertar a quien llegue buscando simplemente otro Jord o Diorama. Y precisamente por eso merece una nueva escucha. Porque DREAMCRUSH no parece querer demostrar que MØL pueden ser más extremos. Quiere demostrar que pueden ser más amplios sin dejar de sonar a MØL.
Del blackgaze a algo más difícil de etiquetar
MØL proceden de Aarhus, Dinamarca, y llevan más de una década construyendo una versión particularmente melódica del blackgaze. La formación actual reúne a Kim Song Sternkopf a la voz, Nicolai Busse y Sigurd Kehlet a las guitarras, Holger Frost al bajo y Ken Lund Klejs a la batería.
Su discografía anterior —Jord (2018) y Diorama (2021)— les situó dentro de ese territorio donde el black metal deja de ser exclusivamente oscuridad y velocidad para mezclarse con las atmósferas del shoegaze. Pero DREAMCRUSH abre todavía más la puerta.
La propia banda señala entre sus referencias a My Bloody Valentine, Cocteau Twins y The Smashing Pumpkins, además de su raíz metalera. Y esa combinación explica bastante bien lo que ocurre en el álbum: guitarras que pueden sonar gigantescas y abrasivas para, unos segundos después, convertirse en una superficie luminosa y melancólica.
Metal Hammer llegó a describir a MØL como una banda prácticamente sin género fijo, destacando precisamente esa mezcla de extremidad, shoegaze, alt-rock y metalcore, mientras que otras reseñas han señalado cómo el grupo ha simplificado estructuras y acercado el blackgaze a territorios más accesibles.
Y ahí está la verdadera discusión alrededor de DREAMCRUSH. ¿Han perdido algo de brutalidad? Sí, en determinados momentos. ¿Han ganado una identidad más amplia? También.
“DREAM”: entrar en el sueño antes de destruirlo
El álbum comienza con “DREAM”, y el título no podría ser más apropiado. No hay una entrada inmediata a base de blast beats y guitarras desatadas. MØL prefieren construir primero una atmósfera: capas de guitarra, una sensación flotante y una tensión que va creciendo poco a poco hasta que los elementos más extremos irrumpen.
Es casi una declaración de principios. El sueño no es un lugar tranquilo. Es un lugar del que puedes despertar de golpe.
La estructura de “DREAM” resume buena parte de lo que va a suceder durante los siguientes cuarenta minutos: belleza y violencia funcionando como partes de una misma composición. La crítica ha destacado precisamente esa capacidad del grupo para enfrentar pasajes serenos con explosiones de black metal sin que parezcan dos canciones diferentes.
“Små Forlis”: la primera grieta
“Små Forlis” —“pequeños naufragios”— continúa la navegación por ese territorio emocional. Aquí MØL empiezan a mostrar una de las características más interesantes de DREAMCRUSH: el contraste ya no se establece simplemente entre una parte suave y otra extrema. La melodía empieza a ocupar un espacio mucho más importante dentro de la propia arquitectura de las canciones.
Las guitarras tienen textura, pero también tienen memoria melódica. Y eso será fundamental para entender el disco.
“Young”: la rabia de crecer
Si hay una canción que explica por qué DREAMCRUSH merece ser recuperado en 2026, esa es “Young”. Fue el segundo adelanto del álbum y uno de los momentos donde MØL dejan más claro que su evolución no consiste en abandonar el blackgaze, sino en utilizarlo como punto de partida. Metal Hammer destacó precisamente la capacidad del tema para mantener el equilibrio entre una especie de felicidad nebulosa y una contundencia que invita a levantar la cabeza y dejar que entren las guitarras.
Además, “Young” tiene una pequeña historia detrás.
Su estribillo procede de una composición que Nicolai Busse había escrito originalmente en 2012, antes incluso de que la canción encontrara su forma definitiva. El guitarrista explicó que había regresado varias veces a aquella idea hasta conseguir terminarla para este álbum.
Eso convierte “Young” en algo más que otro single. Es una canción sobre volver a una idea antigua y descubrir que, diez años después, finalmente sabes qué hacer con ella. Y quizá también sea una buena metáfora de MØL.
“Hud”: intimidad antes de la tormenta
“Hud” es uno de los temas esenciales del disco y también uno de los cuatro cortes de DREAMCRUSH que recibieron videoclip oficial junto a “Garland”, “Young” y “CRUSH”. La banda lo estrenó coincidiendo con la publicación del álbum.
La canción tiene una historia particularmente personal.
Nicolai Busse comenzó a componerla después de Diorama y tras el nacimiento de su hija. Según explicó el guitarrista, recuerda aquellas primeras ideas tocadas en el suelo de su salón mientras ella jugaba. La canción terminó siendo importante no solo para el álbum, sino para definir cómo quería sonar DREAMCRUSH.
Musicalmente es uno de los mejores ejemplos del nuevo MØL. Empieza desde la intimidad, deja respirar las guitarras y desarrolla lentamente una tensión que finalmente desemboca en una descarga mucho más contundente. No es simplemente metal con una introducción bonita. La atmósfera forma parte de la composición.
“Garland”: cuando el shoegaze entra en el metal
“Garland” fue el primer adelanto de DREAMCRUSH y quizá el tema que mejor anunció el cambio de dirección del álbum.
La canción apareció acompañada por un videoclip dirigido por John Bradburn, colaborador habitual de la banda, rodado en Dinamarca y protagonizado por el actor Kim Sønderholm.
Aquí la relación con el shoegaze se vuelve especialmente evidente. Las guitarras no están únicamente para golpear. Envuelven.
Hay una cualidad casi narcótica en determinados pasajes, antes de que MØL recuperen la velocidad y la violencia característica de su sonido.
La crítica ha señalado precisamente esa combinación entre melodía, textura y aceleración como uno de los puntos fuertes del disco.
“Garland” es, además, una buena canción para recomendar a alguien que normalmente no escucha black metal. Puede entrar por las guitarras y quedarse por todo lo demás.
“Favour”: belleza antes del golpe
En “Favour” aparece otra de las grandes armas de MØL: la capacidad para convertir una melodía aparentemente frágil en el punto de partida de una explosión.
La canción avanza con un tono melancólico y casi baladesco hasta que el grupo decide abrir completamente las compuertas. Y entonces llegan las guitarras.
La reseña de Markus’ Heavy Music Blog destaca precisamente esa estructura: una canción emocional que mantiene su tono melancólico incluso cuando aparece una descarga de black metal, mientras que otras críticas han señalado el solo de guitarra como uno de los grandes momentos instrumentales del álbum.
Es probablemente uno de los mejores ejemplos de la filosofía de DREAMCRUSH: la melodía no suaviza la violencia; hace que la violencia duela más.
“A Former Blueprint”: MØL mirando hacia el alt-rock
Si DREAMCRUSH necesitaba demostrar que no era simplemente un disco de blackgaze con producción más limpia, “A Former Blueprint” es la prueba.
La canción se acerca al post-rock y al alt-rock, con guitarras mucho más abiertas y una estructura especialmente melódica. Incluso aparecen ecos que algunas reseñas han relacionado con Interpol y otros territorios del rock alternativo.
Y, sin embargo, MØL no desaparecen.
La voz de Kim Song Sternkopf continúa funcionando como elemento de contraste: cuando entra el registro extremo, toda esa superficie melódica adquiere otra dimensión.
Es una canción sobre planos antiguos, sobre aquello que alguna vez parecía servir como mapa y que ya no representa la vida que tienes delante. Y probablemente sea una de las canciones más reveladoras del disco.
“∞”: cuarenta y ocho segundos para respirar
Después de siete canciones llega “∞”, un interludio instrumental de apenas 48 segundos.
No pretende ser una canción completa. Su función es otra: bajar la intensidad y preparar el terreno para la recta final. Guitarras ambientales, reverberación y una sensación casi suspendida antes de que el álbum vuelva a romperse.
Un pequeño espacio de aire antes de la siguiente tormenta.
“Dissonance”: exactamente lo que promete el título
Y entonces aparece “Dissonance”. El nombre no es decorativo.
La canción funciona mediante contrastes: guitarras limpias frente a distorsión, voces melódicas frente a gritos, calma frente a una batería que va incrementando la tensión.
Es uno de los temas donde más claramente aparece la voluntad de MØL de trabajar con estructuras menos previsibles sin convertirse en una banda de metal progresivo.
El solo de guitarra vuelve a tener un papel importante y la canción consigue algo muy característico de DREAMCRUSH: hacer que dos emociones aparentemente incompatibles puedan convivir en el mismo espacio.
“Mimic”: cuando vuelve la violencia
“Mimic” es probablemente el momento en el que el disco recupera con mayor claridad los dientes. Entra con agresividad, riffs precisos y una batería mucho más física. Pero MØL no tardan en volver a introducir la melodía.
La canción se mueve entre tensión, oscuridad y momentos de calma antes de recuperar nuevamente la velocidad. Algunas reseñas han destacado precisamente ese juego entre brutalidad y melodía como uno de los grandes aciertos del álbum.
Es uno de esos temas que recuerda al oyente que, por mucho que MØL estén ampliando su vocabulario, siguen siendo una banda capaz de sonar realmente pesada.
“CRUSH”: el final que cierra el círculo
Y finalmente llega “CRUSH”. Cinco minutos y cuarenta y siete segundos para cerrar un disco que empezó soñando y termina enfrentándose a las consecuencias de ese sueño. Fue también el tercer adelanto y llegó acompañado de un videoclip dirigido por John Bradburn.
La propia banda describió “CRUSH” como una canción construida alrededor de la tensión entre melancolía y júbilo, belleza y devastación, entre el individuo y el mundo.
Y es exactamente lo que hace. No intenta terminar DREAMCRUSH con una demostración de fuerza. Lo termina con una sensación de transformación. El sueño se ha roto, pero no necesariamente para dejar únicamente ruinas.
El gran cambio de MØL
Quizá la conversación más interesante alrededor de DREAMCRUSH no sea si es mejor o peor que Jord o Diorama.
Es otra. ¿Qué ocurre cuando una banda de blackgaze descubre que puede escribir canciones de verdad grandes sin necesitar ser cada vez más extrema?
Algunas críticas han recibido esa evolución con entusiasmo. Metal Temple, por ejemplo, destaca precisamente la capacidad de MØL para hacer que melodía e intensidad se alimenten mutuamente, mientras VISIONS interpreta el álbum como una expansión deliberada del blackgaze hacia un territorio más melódico y cercano al rock alternativo.
Otras reseñas son más cautas. The Progressive Subway considera que el nuevo enfoque gana claridad y accesibilidad, pero sostiene que parte de la imprevisibilidad y aspereza de los trabajos anteriores se ha reducido.
Y ahí está precisamente el interés de DREAMCRUSH. No es un disco diseñado para satisfacer únicamente a quien quería que MØL repitieran Jord. Es un disco de una banda que ha decidido que el blackgaze puede ser también melodía, canción, shoegaze, alt-rock y emoción sin pedir permiso.
¿Llegó demasiado pronto DREAMCRUSH a 2026?
Probablemente sí. Se publicó en enero y ahora hay demasiados discos compitiendo por nuestra atención. Por eso merece otra oportunidad.
Porque debajo de sus guitarras enormes y sus gritos hay un álbum mucho más trabajado de lo que puede parecer en una primera escucha. Un disco que funciona especialmente bien cuando se deja de pensar en él como “otro álbum de blackgaze” y se escucha como lo que realmente parece querer ser: una colección de canciones sobre sueños, expectativas, identidad y el momento en que descubres que crecer también significa destruir algunos de los mapas con los que empezaste. MØL han abierto las ventanas. Y detrás sigue habiendo oscuridad. Pero ahora también entra bastante más luz.
Ficha rápida

Artista: MØL
Álbum: DREAMCRUSH
Fecha de lanzamiento: 30 de enero de 2026
Sello: Nuclear Blast Records
Origen: Aarhus, Dinamarca
Duración: 42 min aprox.
Canciones: 11
Estilos: blackgaze · post-black metal · shoegaze · post-metal · alternative metal · alt-rock
Formación: Kim Song Sternkopf · Nicolai Busse · Sigurd Kehlet · Holger Frost · Ken Lund Klejs
Videoclips oficiales de DREAMCRUSH:
- “Garland” — primer adelanto del álbum.
- “Young” — segundo adelanto, con una de las canciones más representativas de la evolución del grupo.
- “CRUSH” — tercer adelanto y cierre del álbum.
- “Hud” — videoclip estrenado con la salida del álbum.
Tracklist
- DREAM — 3:13
- Små Forlis — 3:45
- Young — 4:18
- Hud — 4:46
- Garland — 3:47
- Favour — 4:33
- A Former Blueprint — 3:21
- ∞ — 0:48
- Dissonance — 4:03
- Mimic — 4:03
- CRUSH — 5:47







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