El cine ha hablado y mucho de los asesinos más famosos, y en la mayoría de películas la idea del psicópata asesino en serie ha ido ligada a los hombres. Quizá porque no se ha creído capaz a las mujeres de cometer atrocidades o de cortar a sus víctimas con una motosierra.

Quizá era más fácil hacer creíble a un hombre como psycokiller, la mayoría de ellos mataba sin más, por diversión. A las mujeres siempre se le ha tenido que buscar un motivo de peso para justificar una conducta violenta ya que normalmente se las ha asignado el papel de benefactora, de cuidadora, o el personaje débil, la perfecta víctima en definitiva. Muchas veces, estas mujeres ni siquiera llegaban a cometer el crimen, simplemente eran perversas o violentas, algo inesperado de una mujer.

En los 80’s, la época dorada del género de las franquicias con psycokiller fue también el pistoletazo de salida para muchas películas con mujer asesina protagonista. Hoy vamos a repasar algunas de ellas, desde los orígenes del cine hasta casi nuestros días, en este artículo del que presentamos la primera parte. ¿Te quedas?

La mujer roba maridos.

F.W. Murnau estrenaba en 1927 «Sunrise: a song of two humans» rebautizada como «Amanecer» (antes ponían los títulos un poco como les venía en gana), donde encontramos lo que he comentado antes. Esa mujer perversa, mala influencia, que alecciona al marido de otra para que la quite de en medio. Porque los hombres nunca han sido infieles, al menos en esta época no lo eran. Todo era porque había mujeres pérfidas capaces de robarle el marido a otra. ¡Pero bueno que el matrimonio es sagrao!

En Amanecer, aunque ella no es el brazo ejecutor, o sea, físicamente no intenta matar a la otra, sí influye sobre el marido para que de alguna manera le provoque un accidente. Verás… la peli, muda, como no podía ser de otra manera, narra la vida aburrida de una familia campesina, con sus ovejas, su huerto, y su astío y rutina en general. En estas que viene una señora de ciudad, lissssstaaaa… muy vivaracha y con mucha ambición que conoce al joven campesino y descubre que no solo tiene tierras bajo las uñas, sino que es dueño de grandes parcelas, por lo que utiliza sus herramientas de mujer para seducirle, conseguir enamorarlo y de alguna manera intentar que haga desaparecer a su esposa. Ella, sutil, se pone a silbar una cancioncita desde un descampao, al anochecer… Y él… curioso va a ver y no puede resistirse a un beso (tampoco lo esquiva).

Y lo prepara todo, provoca un accidente por el que su mujer desaparece. Pero el pobre no puede con todo esto. Está muy arrepentido. Y aunque le ha faltado escasamente un minuto para meter a la joven de ciudad en su casa, un grito a lo lejos hace pensar que alguien ha encontrado el cuerpo de su esposa… ¡y está viva!

Y ahí termina esta bonita película, donde la arpía utiliza su influencia de mujer mala de manual, e intenta seducir a un casado para arrebatarle las tierras y su hogar, pero el amor triunfa… la esposa, perdonará a su marido y terminará la película con una bonita puesta de sol y un gran beso.

Janet Gaynor interpreta a la gentil esposa, y Margaret Livinstone a la mala, la forastera, la que viene con malas intenciones, la roba maridos porque ellos son unos angelitos. El papel de la esposa amante y fiel fue tan convincente que ganó el Oscar a mejor interpretación en la primera edición de esos premios; no le iban a dar el premio a la otra… con lo mala que fue, seduciendo a ese hombre. Él no hizo nada, claro.

Y esta peli es importante, a parte de por ser la primera película con una banda sonora, que aunque no eran voces sino efectos de sonido y música, por tener los acordes musicales que luego darían a una de las sintonías más conocidas de la televisión: la de «Alfred Hitchcock presenta…»

Madres autoritarias dan hijos psicópatas (no hace falta estudiar psicología).

Y a colación de Hitchcock, podemos sugerir que sus películas están llenas de mujeres «malas», casi siempre chicas modernas, acorde con los nuevos tiempos que lo que desean en prosperar, aunque sea robando a su jefe una cantidad de dinero enorme. Nadie sospechará de un chica inocente, y guapa. Y así Marion Crane se convierte sin darse cuenta en una ladrona de 40.000 dólares. Los usaría para pagar la deuda de su novio, al que ve a escondidas en un hotel una vez por semana. Es la única forma de casarse con él, quitarle esa deuda y por fin estarían juntos.

A partir de este «inocente» argumento, la cosa se complica y Psicosis, la peli de la que estoy hablando nos enseñará a unas cuantas mujeres perdidamente malas y manipuladoras.

Marion interpretada por Janet Leigh, es una mujer soltera y liberada, que con la intención de tener un cambio en su vida se plantea un robo. Norma Bates es la madre muerta de Norman Bates (ambos interpretados por Antony Perkins), que regenta un motel de carretera en el que Marion se ve obligada a parar por un temporal de lluvia que no le permite ver la carretera.

Hitchcock plantea al espectador una historia que transcurre durante la huida de Marion de su oficina en la gran ciudad, y otra historia que nadie espera en la que una madre autoritaria ha criado a un hijo psicópata, de forma que incluso después de muerta sigue teniendo poder sobre su hijo. Será Norman el que cometa los crímenes ideados por su madre muerta.

Hitchcock también plantea el «juicio» paralelo que el público está haciendo sobre la joven rubia ladrona, que finalmente recibe su merecido. En la escena de la ducha, acuchillada por una señora con moño y un cuchillo enorme, con recreación en la muerte de la muchacha que ve cómo se escapa su vida como un hilo de sangre por el desagüe, el espectador siente que el karma le ha devuelto el ser tan «moderna» y el querer engañar a su jefe, a parte de ser la tonta de turno que se enamora de un tío con deudas de juego… ¡hay que ser muy tonta por muy macizo que esté el muchacho! La conclusión del espectador al finalizar la escena, a pesar de la atrocidad ocurrida, es un juicio de valor en plan «eso te pasa por ir sola, y por robar, si hubieses sido decente estarías viva».

Sin embargo hay un mal mayor, que es la madre muerta de Norman, a la que no veremos nunca hasta el final de la película, solo oiremos su voz, creada en la versión original con tres personas que mezclaban su voz en directo.

Norma Bates es una de nuestras asesinas favoritas, y Norman es nuestra asesina travesti favorita. En la escena final Norma y Norman ya son la misma persona, pero la madre culpará a su hijo, argumentando que ella no ha hecho nada… a penas mataría una mosca.

Mujeres que luchan por conseguir sus sueños y las Asesinas de Chicago.

En 1948 se estrenaba Las Zapatillas Rojas de Michael Powell y Emeric Pressburger, considerada como una de las mejores películas de la historia que retratan el mundo de la danza, pero que nos interesa especialmente porque introduce el tema de las mujeres que luchan por conseguir sus sueños cueste lo que cueste. Sobre todo si se tienen que llevar a alguien por delante.

Las Zapatillas Rojas es un cuento clásico de Andersen, y como todo cuento que se precie tiene connotaciones que depende de quien lo lea en ese momento puede interpretarlo de diversas maneras. Trata de una joven que encuentra en la danza el poder sentirse realizada de alguna manera. Sin embargo es todo muy traumático con un empresario que la esclaviza y que le exige demasiado, ella ansía la perfección quizá tanto como el propio productor del espectáculo, además el joven Julian ha compuesto la partitura como una manera de expresar el gran amor que siente por ella.

Esto no le gusta al productor, que exigirá aún más de su primera bailarina, que se ve obligada a elegir entre el amor a Julian o ser una estrella. La contraprestación son unas zapatillas rojas, que la poseen, es el símbolo, rojo carmesí y se unen a los pies de la bailarina mágicamente en un número musical de 17 minutos de duración dentro de la película.

La cinta sienta las bases de todo el cine musical que vino después. De ahí su grandeza. Pero no nos podemos olvidar de que Victoria Page, es una de nuestras chicas malas que se aprovecha de lo que sienten los hombres por ella para conseguir sus objetivos en la vida.

Es más o menos lo mismo que le ocurrió a Musidora en Las Vampiras (1915). Se trata de una película de 7 horas de duración, que pudo verse en los cines en forma de 10 capítulos. Por tanto, estamos ante una de las primeras series que se crearon para el cine mudo.

La actriz Musadora interpreta a Irma Vep (si mueves estas letras de su nombre consigues Vampire), una chica inquieta y bailarina de cabaret, que es hipnotizada por un rival de otra banda. Les Vampires, no tienen nada que ver con seres vampíricos, en realidad son una secta de delincuentes, de la que finalmente ella se convertirá en jefe después de asesinar al Gran Vampiro gracias a la fuerza que le dio la hipnosis y utilizando sus armas de mujer, primero convirtiéndose en su novia, ganando su confianza y después matándolo.

Nos encontramos de nuevo con esa idea, de que las mujeres no son malas por naturaleza, sino que lo son por las circunstancias. Es decir, Irma es una cabaretera, una mujer de la noche, ya simplemente por eso no es una buena mujer. Eso lo justifica todo, y su ambición le lleva a cometer el asesinato del gran vampiro, y a dedicarse a la delincuencia en la noche parisina.

En esta escena… Irma, como segunda bailarina, está en el diván, mientras la primera bailarina interpreta la danza macabra de los vampiros en el espectáculo de cabaret… al final de la escena, muere envenenada y así Irma, se convertirá en la ansiada primera bailarina. Son asesinatos cometidos para prosperar en la vida…

Pero hablando de bailarinas, de cabarets, y de mujeres que luchan contra los hombres por conseguir sus objetivos en la vida, no nos podemos olvidar de las 7 asesinas de Chicago (2002), el musical con Reneé Zellweger y Catherine Z-Jones, entre otras. En esta escena del tango en la cárcel cada una de ellas narra el motivo por el que cometieron el crimen… simplemente sus víctimas lo merecían.

La persona más inmunda del mundo.

Hablando de querer ser famosa, sin dudarlo tenemos que hablar de Divine, como el ser más maligno y más odiado del mundo.

Divine no soporta que haya otra persona más inmunda que ella, y por eso cometerá un asesinato en directo por Tv.

Divine vive bajo el pseudónimo «Babs Johnson» con su madre Edie a la que le gustan de forma compulsiva los huevos (de gallina), su hijo delincuente Crackers, y Cotton su compañera sentimental, que es fundamentalmente voyeurista.

Todos estos personajes viven juntos en una caravana, en cuyo hall de entrada hay dos flamencos rosa de plástico, que dan lugar al título de la película, en la calle Philpot de Phoenix, un barrio de las afueras de Baltimore.

Divine está considerada como la «persona más inmunda del mundo«. Por esta razón el matrimonio Marble, una pareja heterosexual que vende heroína en los colegios y secuestra mujeres para violarlas y entregar sus bebés en adopción a parejas de lesbianas, tiene envidia de su título, y hará todo lo posible por quitárselo.

Babs Johson es conocida por toda la prensa que acude a entrevistarla pues ha declarado la guerra a los Marble que pretende arrebatarle el título de persona inmunda.

Divine, matará a los Marble en la retransmisión en directo.

La última escena del filme es una de las más polémicas del cine de John Waters: un pequeño perro defeca en la calle y Divine recoge el excremento del suelo y lo ingiere. Este plano es real: está rodado sin cortes, por lo cual no hay trucaje posible.

Matar por amor o por desamor… o mejor por los dos.

Y llegamos a una de nuestras malas malísimas favoritas de todos los tiempos. Annie Wilkes es una fan de los libros de Paul Sheldon que escribe novelas románticas en las que Missery es su protagonista. El autor está harto de escribir este tipo de folletines, que aunque le dan muchísimo dinero, siente que está malgastando su talento, así que en la última novela decide que ese personaje morirá, y se retira a las montañas a escribir una novela más seria.

Regresando de su viaje en la montaña se ve sorprendido por una tormenta de nieve, tiene un accidente y Annie Wilkes lo encontrará, le dará cobijo y cuidará de él mientras se recupera. Las carreteras están cortadas y no hay forma posible de irse de allí.

Sin embargo, la realidad es otra. Annie tiene una obsesión enfermiza con Missery, y no soporta que muera en la última novela, así que obligará al autor a quedarse en casa y reescribir esa novela, dándole la vida que en realidad quiere para sí misma.

Katy Bates quiere ser Missery, un personaje de una novela romántica, pero en el fondo es una asesina con una obsesión enfermiza por el autor.

Annie Wilkes interpretada por una maravilla Katy Bates, es un personaje terrorífico que mantiene a Paul Sheldon interpretado por James Caan en esta película de Rob Reiner que adapta una novela de Stephen King. Ganadora de 1 Oscar por mejor actriz.

La escena en la que la angustiada Annie rompe los pies de Sheldon para que no intente escapar es de las más brutales de la historia del cine. Añade un «te quiero tanto» justo después de romperle los tobillos, convirtiendo en un acto de amor profundo la maldad acumulada durante años en esta casa perdida en las montañas.

En lado opuesto está Tiffany, la novia de Chucky, convertida en muñeca por un ritual está harta de los engaños del diabólico muñeco y eso que ha usado imaginación y ropa adecuada para reinventarse a sí misma: maquillaje, peluqueria, accesorios. Está divina. Pero si algo lleva mal es no sentirse querida, y por eso la venganza de Tiffany consiste en no dejar que ninguna pareja se quiera.

En esta escena lanza una botella de champán a un espejo gigante que hay en el techo, para que los cristales caigan sobre una acaramelada pareja que se revuelca en una cama de agua en un motel de sexo de carretera, además con excelente resultado pues es el detonante de que por fin Chucky le haga caso y le pida matrimonio. Chucky nota que se está empalmando y Tiffany descubre que sus fluídos corporales están funcionando, tiene lágrimas en los ojos y nota humedad en la entrepierna. Lo que viene después es el polvo más asqueroso que dos muñecos puedan hacer.

La mayor asesina del cine, de todos los tiempos.

La teniente Rippley ha llegado al corazón del nido de aliens y ha dado con la reina… una madre ponedora de huevos con el poder de criar colmenas de aliens que cometan crímenes porque sí… una manera de subsistir… el más fuerte gana.

No hay mayor asesina que una madre cabreada. Pero en este caso quizá se están enfrentando dos. Una madre que ve su nido violentado, por otra que tiene el instinto materno de cuidar de una niña que ha sobrevido sóla en una colonia a varios años luz de la Tierra.

De nuevo, se justifica la mente asesina de estas féminas, atribuyéndole acciones como el cuidado o la protección. Estas mujeres matan para defenderse o para defender a un menor.

No está siendo fácil encontrar a estas asesinas del cine, pero están ahí. En este capítulo hemos descubierto a las roba maridos, a las que luchan por conseguir sus sueños cueste lo que cueste, a aquellas con carencias sentimentales, o a las celosas, y sobre todo a esas que defienden su hogar, pero oh… gran desgracia, no hemos descubierto a esas que matan por placer… esas que aceptan el rol del psycokyller con la misma intensidad con la que lo han conseguido los hombres en los cines.

Pero tranquilo, veremos a muchas de ellas en el próximo capítulo de esta serie. Te emplazo a una próxima entrega. Atento a las redes sociales.

Una respuesta a «Mis asesinas favoritas. Una historia Pop de divas del cuchillo afilado. Vol.1»

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