Hace unos días tuvimos nuestra primera cita de cine para hablar de las mujeres malvadas del cine (la puedes leer aquí): asesinas y psicópatas con papel protagonista que dan rienda suelta a sus instintos más agresivos para conseguir sus objetivos en la vida. Pero está siendo complicado encontrar casos en el cine de mujeres con un verdadero interés por matar porque sí, como ocurre con la mayoría de los psycokillers del cine masculino. Pero tiene que haber ¿verdad?.
Mujeres, que son gatas en celo.

En el caso de La Mujer Pantera (1942), Irena, una joven que está dibujando una pantera en el zoo (algo de lo más natural, todos vamos al zoo a eso), se enamora perdidamente de el joven ingeniero Oliver y deciden que deben casarse cuanto antes. Sin embargo, Irena le confesará al muchacho que hay una terrible maldición que la acecha, y es que el día que consuma su relación con él, aunque sea solo con un simple beso, se convertirá en pantera y se lo comerá; que a mí me dice eso, y me desenamoro en cero coma, o al menos te hace pensar: «esta no está buena del piso de arriba».
Claro, Oliver se queda un poco traspuesto con la noticia y aconseja a su querida que visite a un psiquiatra amigo suyo que seguro que le ayuda con esto ya que está convencido de es una invención suya. Con esta duda existencial Oliver empieza a ver a su amiga Alice («la otra») y se lo cuenta. Ella lleva enamorada como una pava de él desde que trabajan juntos y en un par de ocasiones, al salir del trabajo se siente perseguida por una presencia. Esta escena de la gata al acecho, aparece en las enciclopedias de cine como una escena terrorífica, y a partir de entonces, esta técnica del susto final, es un truco habitual en el cine de terror.
La película recaudó 8 millones de dólares habiendo costado 134.000, y el secreto de su éxito es esta escena del autobús, que marcó un antes y un después en la forma de hacer cine, pues el espectador se muestra atento a lo que está ocurriendo en la pantalla, en este caso dos mujeres que se desplazan por la calle, y son reconocidas por la forma en la que pisan con sus zapatos de tacón. Entonces escuchamos un murmullo gatuno y un autobús entra en escena con un gran estruendo. ¡Qué susto tía! Además sin música, sin otro sonido más que el de unos tacones por la calle, en una gran sala de cine oscura en 1942.
En 1982 el remake de Paul Schrader pasó a llamarse El Beso de la Pantera (La Marca de la Pantera en otros países), y se convirtió en un thriler erótico con Nastassja Kinski calificada «R» en USA y «S» en España, y lo mejor de todo es la partitura musical de Giorgio Moroder y David Bowie, o sea una joyaza del cine POP.
En este remake de Paul Schrader se aclara el concepto del teriomorfismo por el que un humano se transforma en un animal, o a la inversa, y que es la misma teoría del hombre lobo y de tantos otros seres del inframundo que llenan el cine y la literatura fantástica.
En 1982 asistimos a la transformación de la pantera, del mismo modo que asistimos a la legendaria transformación del hombre lobo en Un Hombre Lobo Americano en Londres en 1981. El video podrás verlo si estás registrado en youtube con perfil de mayor de edad, pero sólo porque salen un par de tetas.
Y en 1992 el mismísimo Stephen King escribió sobre esta temática directamente para el cine la peli Sonámbulos que hablaba sobre la existencia de un grupo de seres que pueden transformarse en animales (normalmente felinos) los Sleepwalkers y que se alimentan de jovencitas vírgenes, de las que toman su energía vital. Mary, es la madre que necesita ser alimentada por su hijo, que tomando forma humana acude al instituto local buscando chicas que aún sean vírgenes, algo que no es demasiado fácil en 1992. Finalmente consigue una, de la que acabará enamorándose y con la que comete varios errores dejándole muy mal herido.

Mary se hará cargo de su hijo, como buena felina, cuidará de él totalmente destrozado por las heridas y atraerá al hogar a otra jovencita (va a la casa del vecino a secuestrarla) para que puedan alimentarse los dos, y seguir con su vida. Pero chica… todo se complica. Aunque ya te digo que ella es capaz de matar a todo un señor policía con una mazorca de maíz.
Mientras en aquellas pelis más antiguas la mujer estaba maldita por tener una presencia felina, se la empoderó en los 80’s pero aun así no podía disfrutar de su sexualidad pues se convertiría en pantera, y en los 90’s las jovencitas han perdido la inocencia, se comportan como guarras, y sólo las que son «buenas» pueden servir de alimento a los seres malignos, o sea, son codiciadas para poderlas corromper. En los 90’s salimos ganando con las vueltas del género felino, porque los títulos de crédito finales iban a compañados de Enya.
El bullying como desencadenante de la maldad.
Al grito de «¡tapónate guarra!» las compañeras de clase de Carrie White le lanzan compresas y tampones en los vestuarios de la escuela después de una clase de educación física. Es la primera vez que le ha venido la regla y la pobre niña está asustada pues está sangrando y su madre, autoritaria y una loca de los cojones le ha mantenido este hecho en secreto, pues, según las sagradas escrituras que ella venera e interpreta como le viene en gana, las mujeres están malditas y son unas pecadoras sin remedio.
Carrie es otra novela de Stephen King llevada al cine con mucho acierto en esta versión de 1976 por Brian de Palma, que comienza con este lanzamiento masivo de tampones sobre la cara de Carrie, aterrorizada por una inesperada e inoportuna menstruación.




Aquí arriba el retrato de las malas malísimas de esta película. Las compañeras de clase de Carrie White y su profesora ¿amiga? que luego no moverá un dedo. El bullying contado en 1976 no se aleja una coma del actual en todos los institutos y las madres desquiciadas que aportan su granito de arena a crear una hija con problemas psiquiátricos toda su vida, otra realidad que sigue existiendo.

Y es que a lo largo de esta película podremos descubrir que en realidad lo peor que le ha podido pasar a la pequeña Carrie es tener una madre como la suya. El ser más despreciable de la Tierra.
Así que con estas amigas/enemigas y esta madre/psicópata es normal que Carrie desarrolle poderes telequinésicos con los que lance una maceta a la cara de cualquiera cuando intente hacerle algún mal. TODOS HEMOS DESEADO ALGUNA VEZ TENER ESE PODER Y JODERLE LA CARA A ALGUIEN. No me digas que no. Por eso la escena del baile de fin de curso es el lugar idóneo para tomar conciencia del poder y matar a unos cuantos pero sólo porque han sido malos contigo.

Efectivamente, en el día más feliz de su vida Carrie White ha sido nombrada la Reina del Baile, junto a un apuesto rubio con ricitos ajeno a que «la otra» ha urdido un plan para llenarle el vestido con sangre de cerdo. La escena de 9 minutos creada por Brian de Palma, lo situó como uno de los cineastas emergentes y su primer gran éxito de taquilla.
La pieza comienza con el nombramiento de Carrie y Tommy Ross como rey y reina del baile. Durante 4 minutos Brian de Palma hace una pormenorizada descripción de lo que está a punto de ocurrir, sitúa al espectador y le genera una ansiedad sobre el momento que está a punto de vivir Carrie, sin hacerse la más remota idea de lo que está por venir. La música de Pino Donaggio acompaña magistralmente cada segundo.
En el momento cumbre de esa escena, justo en el centro, cuando el cubo cae sobre Carrie, se hace el silencio en el cine, sólo podemos oir el ruido que hace el cubo y la soga que lo sujeta, como si fuera un ahorcado. Es la sensación que tiene Carrie en ese momento, de lucir como colgada del techo, y que todos la estén viendo. La música ha parado, no escuchamos las voces, sólo el sonido que haría un ahorcado. Momento en el que comienza la gran venganza.
Carrie vuelve a casa huyendo de la escena del crimen, quiere el consuelo de su madre, por fin se ha dado cuenta de que ella tiene razón. No puede confiar en nadie… pero no encuentra consuelo… sólo se dará de bruces con una madre autoritaria convencida de que su hija es una pecadora, y recibe su merecido, y por fin Margaret White la sufridora madre, tendrá su primer orgasmo y ambas bajarán al infierno.
Madre e hija fueron nominadas al Oscar, pero ninguna se lo llevó. En el momento de la entrega la mirada de Sissy Spacek era de como no me lo lleve quemo el teatro, pero no lo hizo.
Y hablando de madres a las que les falta un tornillo tenemos a Pamela Voorhees, que tuvo al pequeño Jason, un niño deforme que se ahogó en el campamento de verano de Crystal Lake. Al siguiente año, Pamela decide vengarse y matará a todos y cada uno de los monitores del campamento, como venganza por dejar morir a su querido pero deforme, hijo Jason.


Pero amiga… nada de esto sabemos… en todo momento el espectador siempre tiene la sensación de que quien comete los asesinatos es un hombre. Solo vemos un enmascarado grande, con grandes botas, con mucha fuerza. Pero ¡tía! que no, que es la madre en un claro caso de esquizofrenia, porque ella escucha voces que le dicen «mátala»… y claro… si te lo pide tu dulce hijo muerto… pues no te queda otra que atravesar a la rubia de turno con una lanza.
El caso de Pamela, es otro claro ejemplo de lo que el Bullying puede crear. La deformidad de Jason, llevó a que todo el campamento le hiciera el vacío, cayera al agua y nadie le hiciese caso, pues además los monitores estaban follando en aquel momento, que es lo que hacían los jóvenes en los 80’s. Pamela sólo defendió el honor de su hijo, siendo otra de las malas malísimas dignas de aparecer en este artículo y además pierde literalmente la cabeza en un terrorífico final que hizo el silencio en el cine, pues nunca antes se había visto algo así.
La película no costó más de 600.000 dólares, pero recaudó casi 60 millones en el mercado estadounidense, a parte del resto del mundo, convirtiéndose en el futuro en una de las franquicias más rentables de la historia del cine que reventó taquillas durante años en versiones 3D, y que en sus pases en TV fue siempre una de las más vistas, y que generó grandes ingresos por publicidad.
Mujeres con excesivo amor a los animales o las plantas. Cruella y Poison Ivy como exponente de maldad.

Si hay una archiconocida psicópata en la historia del cine es Cruella De Vil, una apasionada por la piel de los animales con los que confeccionarse estupendos abrigos y claro, cuando vio a la camada de 101 dálmatas (Disney 1961) se le antojó tener un maravilloso abrigo blanco con lunares negros. Iba a ser la gran sensación de la ciudad. Así que encarga a sus secuaces que asesinen a los pequeños perros. En esta escena, totalmente explícita Cruela hace el encargo a Horacio y Gaspar, y nosotros pequeños niñitos de poquísimos años que estábamos viéndola por primera vez en el cine sufrimos considerablemente con tanta maldad pues les da indicaciones de que los maten como sea: con veneno, ahogándolos o rompiéndoles el cráneo… TERRORÍFICA.
Y es que Cruella ha tenido un duro pasado. La niñez no ha sido fácil. Cruella de Vil era una mujer casada con un gato. ¡Toma ya! ¿A que no sabías eso? Te he dejado blanco. Pues sí, creada por la dramaturga y novelista infantil británica Dodie Smith, Cruella nació en una novela infantil de 1956, “Los 101 dálmatas”.
Sí, el pelo de zorrillo y la naturaleza egoísta estaban presentes desde el principio, pero la Cruella original era más una socialité malcriada que una Maléfica (al menos en apariencia) y transmitía una calma sobrenatural. Rociaba su comida con pimienta, la expulsaron de la escuela por beber tinta, se jactaba de tener la bocina de coche más ruidosa de Londres y estaba casada con un peletero rico (aunque no por amor, al parecer). Quería tener acceso sin restricciones a tantos abrigos de piel fabulosos como fuera posible. Así, que asesinar a 101 perritos para arrancarle la piel y hacerse unos cuantos abrigos era lo menos que podía hacer por conseguir su mayor deseo en esta vida.
Hiedra Venenosa, alias Poison Ivy es otra obsesionada, en este caso con las plantas, pero todo tiene una explicación. Verás, resulta que la doctora Pamela Lillian Isley es una botánica de Seattle, con grandes conocimientos acerca de las plantas. Sin embargo, el científico Jason Woodrue (alias el Hombre Florónico) experimentó con ella, inyectándole toxinas en la sangre para hacerla inmune a cualquier tipo de venenos, virus y bacterias. Esto le dio otras habilidades convirtiéndola en Hiedra Venenosa. Las toxinas también la hicieron estéril y desde entonces ella trata a sus plantas como niños.
Vaya, parece que Poison Ivy también tiene un pasado traumático, como Cruella De Vil, y en ambos casos cada una ha desarrollado una obsesión, la primera por las plantas, y la segunda por los animales con pieles especialmente bonitas. Y para conseguir sus objetivos están dispuestas a hacer cualquier cosa.
Poison Ivy fue la archienemiga de Batman, que la encerró en el asilo psiquiáticro Arkham, pero lejos de relajarse allí, a oscuras, marchitándose por la falta de luz solar, consiguió manipular las raíces de las plantas y dominarlas telepáticamente consiguiendo con el paso de los años que las mismas extendieran raíces a través de los muros del psiquiátrico construyendo túneles por los que pudo escapar y trasladarse a una isla desierta donde construyó el Nuevo Edén… un lugar donde Poison y sus plantas eran felices. Pero todo terminó cuando el gobierno de Gothan decide bombardear la isla para probar unas armas nuevas, pensando que estaba deshabitada. Enfurecida, Poison volvería a Gotham buscando venganza, pero le pareció que era la ciudad más contaminada del planeta, y dedicó sus esfuerzos en descontaminarla e intentar cambiar la forma de pensar de las personas.
Poison también se enfrentó a otros enemigos de Batman y entabló amistad especialmente con ellas. Con Catwoman tuvo una lucha a muerte, y la gatita le derramó un líquido experimental encima, lo que provocó que Poison tuviera una piel verdosa, con un poder especial gracias a esto, así que no le guarda rencor. También conoció a Harley Quinn, a la que rescató de unos escombros después de que Joker y ella se enfrentaran contra Batman. La curó con un suero vegetal provocando el enamoramiento perpetuo de Quinn y Poison. Fue Poison la que saca a Quinn de su relación tóxica con el Joker. No sé si esto lo veremos algún día en alguna película, espero que sí.
Y al final, nos hemos vuelto a encontrar con mujeres con obsesiones con plantas y animales, que les han traído muchos problemas y las han convertido en asesinas profesionales.



Aunque estas últimas no pertenecen al cine de terror, así que no nos va a quedar otro remedio que hacer un tercer capítulo, para ahora sí, traer las mujeres más terroríficas de la historia del cine moderno actual… ¡Qué miedo!








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